REMORDIMIENTO (Historia de un aborto)
Marta Montenegro era una muchacha humilde que se ganaba la vida como empleada doméstica. Su trabajo consistía en limpiar la casa de sus patrones, cuidar a sus hijos y preparar el almuerzo. Todos los días seguía la misma rutina desde las ocho de la mañana hasta las seis y media de la tarde, hora en la que sus patrones regresaban y ella ya podía marcharse.
Cuando llegaba a su precaria vivienda una hora y tres autobuses después, su anciana tía la esperaba con un plato caliente de sopa.
— ¿Y cómo te fue hoy, hijita? —preguntaba doña Claudia a su sobrina apenas ésta entraba a la casa.
—Bien, tía, bien —respondía ella. Marta era de pocas palabras y no le gustaba alargarse con explicaciones innecesarias.
Y aunque su ritmo de vida era siempre así monótono, eso cambió cuando conoció a Juan, un chico joven que trabajaba como peón en una construcción aledaña a la casa de sus patrones.
Al principio, Marta a duras penas le dirigía una tímida sonrisa, pero éste, mediante múltiples piropos y cumplidos (¡Qué buena que estás mamita!, solía ser el más común), logró conquistarla.
A Marta le gustaba sentirse querida y deseada por un hombre, por lo que no ponía objeción a las constantes pruebas de amor que le exigía Juan; y aún temiendo quedar embarazada, tenía relaciones sexuales con él porque confiaba en la regularidad de su periodo menstrual.
Sin embargo, en uno de los cada vez más habituales arrebatos lujuriosos de su novio, no pudo convencerlo de no tener relaciones debido a que se encontraba en un periodo de ovulación.
Al día siguiente no podía dejar de sentirse culpable por no haber evitado de algún modo el “acto de amor” que había llevado a cabo la noche anterior. Y la razón por la que se sentía verdaderamente culpable era que lo había disfrutado más que en las anteriores ocasiones. Había sido una noche de orgasmo tras orgasmo.
La relación con sus patrones había dejado de ser buena y llevadera debido a su progresivo descuido a las tareas domésticas; además, les estaba poniendo muy poca atención a los niños. La última semana, Andrés, el más pequeño a su cargo, se había lastimado a causa de un resbalón en el suelo recién baldeado de la cocina.
“¿Cómo puedo cuidar a esos mocosos malcriados ––pensó Marta deprimida––, cuándo a cada momento me viene a la cabeza la maldita idea de que estoy embarazada?”
Un mes después su temor quedó confirmado. Se había comprado un test de embarazo en la farmacia y éste había salido positivo. No satisfecha con los resultados y con la tonta esperanza de que el test pudiera haber venido defectuoso, se hizo atender en un centro médico gratuito. El resultado fue el mismo.
No sabía cómo se lo iba decir a Juan, o peor aún, a su tía. Lo único que esperaba era que Juan se casara con ella, o al menos reconociera al niño. Aunque en su fuero interno sabía que lo primero era muy difícil, y lo segundo, casi imposible. Juan era un hombre al que le gustaba salir con sus amigos cuando le daba la gana, y ella simplemente no se lo podía imaginar cuidando un bebé. Pese a sus proféticos y pesimistas pensamientos, se armó de valor y le contó a Juan que estaba embarazada.
— ¿Qué? ¿Cómo que estás embarazada? ––preguntó él, resoplando. Su rostro había adquirido un desagradable matiz rojizo.
— ¿No te acuerdas la noche que te dije que no lo hiciéramos porque estaba “en unos de esos días” pero tú insististe y dijiste que no iba a pasar nada? —le recordó Marta.
— ¡Mierda! —exclamó Juan pasándose las manos por el seboso cabello que le llegaba hasta los hombros—. ¿Y entonces por qué carajo no te cuidaste? Debiste tomar una maldita píldora o algo así.
— ¿Crees que son baratas o qué?
— ¡Las regalan en los centros de salud, estúpida!
— ¡Y también regalan preservativos, pero tú tampoco usaste uno, imbécil!
Marta ya sabía que Juan iba a tomar mal la noticia, pero tampoco se imagino esa reacción. Estaba a punto de llorar y no sabía por cuánto tiempo más podría contenerse; ya estaba comenzando a sentir ese desagradable picor en los ojos que se producía cuando se avecinaban las lágrimas.
—Está bien, no te preocupes —dijo Juan suavizando la voz—. Trataremos de arreglar este asunto.
— ¿Cómo? —preguntó incrédula Marta—, ¿qué vamos a hacer ahora?
—Déjame pensarlo bien y yo mañana te digo, ¿bueno?
Marta no estaba muy convencida pero de todos modos aceptó la propuesta de Juan, y no precisamente porque ella creyera que en un día iba a encontrar la solución al problema, sino porque no tenía otra alternativa.
Al día siguiente Marta fue al lugar de la construcción pero no encontró a Juan. Preguntó a sus compañeros de trabajo si sabían dónde estaba, y al no obtener una respuesta coherente, decidió averiguar con el arquitecto encargado de la obra.
—Decidió trabajar en otra construcción, en la que según él, le pagaban más —le comentó un poco molesto.
Marta se resistía a creer que el maldito desgraciado la había abandonado.
— ¿Y sabe usted por si acaso dónde está la construcción a la que Juan se fue a trabajar?
—No se lo pregunté. Eso no era de mi incumbencia.
—Está bien, gracias.
Ahora que ya no contaba con el apoyo del maldito bastardo que la había dejado embarazada, Marta no sabía que iba a hacer. ¿Cómo demonios le contaría a su tía el lío en que se había metido, cuando ella ni siquiera estaba enterada de que su querida y casta sobrina tenía enamorado? ¿Cómo se lo diría? “Mire, tía, quiero que tome esto con calma: estoy… estoy esperando un bebé y…”
— ¡No! —se dijo a sí misma—, no puedo decírselo así, si no puede que le dé un infarto y se…
Prefirió no terminar la idea aunque de manera subconsciente ya conocía el resto. Al final resolvió no contarle nada. Al menos no por el momento.
Pasaron tres meses y como ya se le estaba pronunciado el vientre, comenzó a utilizar fajas bastante ajustadas. Sin embargo, sabía que no podía seguir haciendo lo mismo durante todo el embarazo, así que tomo una resolución drástica: abortar.
No quería hacerlo, pero sabía que no tenía otra opción. Si tenía el bebé, a su tía le daría un infarto de la impresión (algo muy probable en una persona de 78 años de edad y con un preinfarto como antecedente); además, ¿cómo diablos se suponía que lo iba a mantener? ¿Con el sueldo de empleada doméstica? ¡Imposible!
El viernes de la misma semana que había decidido abortar, pidió permiso a sus patrones para ir al médico. Les dijo que necesitaba hacerse un chequeo general porque se sentía indispuesta. Técnicamente no les había mentido del todo, porque si bien era cierto que no se iba a hacer un chequeo, al menos si iba donde un médico (uno ilegal, claro, pero médico al fin).
Una amiga suya, que había tenido el mismo “problemita”, le había dado la dirección de una clínica clandestina donde se practicaban abortos. Llevaba el dinero equivalente a cuatro meses de trabajo para poder pagar el aborto, pero si se liberaba del problema, bien valdría la pena.
Llegó a las diez de la mañana y tuvo que esperar cuatro horas y media para ser atendida; otras tres mujeres habían llegado antes.
La enfermera le indicó que se desvistiera y se pusiera la horrible bata blanca que le entregó.
Cinco minutos después, Marta salió con la bata puesta del vestidor improvisado que consistía en una sucia cortina corrediza que se desplazaba sobre una barra metálica colocada en un rincón de la habitación.
Se acostó sobre la camilla provista de una sola manta —la misma que estaba manchada de tres o cuatro gotas de sangre—, colocando una pierna en cada soporte.
Sentía cargo de conciencia por lo que iba a hacer pero ya no podía arrepentirse; el médico ya había comenzado a meter una pinza en su interior; podía sentir el frío aparato introduciéndosele por la vagina.
Sólo la habían anestesiado de manera parcial, por lo que pudo estar consciente durante todo el proceso que duró alrededor de una hora y media.
Cuando le indicaron que la operación ya había terminado y ya podía vestirse, cedió al impulso de ver hacia la mesa de operaciones.
Tuvo que apoyarse de uno de los soportes de la camilla para no caerse. Lo que vio la dejó aterrada. Al lado de la bandeja metálica donde se encontraban los múltiples instrumentos para realizar el aborto, había otra que contenía los restos del que pudo haber sido su bebé; las vísceras y los pedazos diminutos de huesos y piel se podían apreciar en medio de la sangre y los residuos de placenta. Creyó que iba a vomitar, pero logró contenerse.
Todo el trayecto de regreso a su casa constituyó una cruel tortura para Marta: en cualquier dirección que miraba, creía ver madres amorosas que protegían a sus bebés contra su pecho mientras les susurraban palabras de cariño al oído.
Al advertir que esos pequeños seres indefensos les sonrían a sus progenitoras únicamente por el hecho de estar vivos, Marta no pudo reprimir por más tiempo su dolor; gruesas lágrimas saladas le abrasaron la piel en su recorrido hasta su temblorosa quijada.
Los bebés de todas esas mujeres estaban completos y no mutilados como el suyo.
Cuando llegó a su vivienda eran las cinco y cuarenta de la tarde. Estaba bastante cansada por todo lo sucedido; se acostó y no se levantó sino hasta las ocho de la noche, hora a la que llegaba normalmente su tía.
— ¿Por qué no comiste nada, hijita? ––le preguntó de pronto una voz con tono de reproche. A Marta le costó discernir si era real o parte de un sueño. — ¿No viste la olla de sopa que te dejé sobre el quemador de la cocina?
—Sí, tía, sí la vi —contestó Marta todavía con sueño—, lo que pasa es que estaba muy cansada y me acosté para descansar un rato pero me quedé dormida.
—Me preocupas, Marta. Últimamente te veo muy preocupada y bastante cansada... Además tienes unas horribles ojeras.
—No es nada –dijo Marta––, no se preocupe. Ya se me pasará.
Sin embargo, Doña Claudia, que conocía muy bien su sobrina, sospechaba que algo serio le estaba ocurriendo.
“Dios, que no esté en malos pasos esta muchacha”, pensó.
El sábado por la mañana, mientras desayunaban pan de hace una semana con agua de panela, Doña Claudia le contó a Marta lo que le había sucedido el día anterior a la hija de unos vecinos del barrio.
—Así que la Laurita, si sabes de quien te hablo, ¿no? —Doña Claudia interrumpió su relato para asegurarse de que su sobrina estaba entendiendo.
—Sí, tía, la conozco —dijo Marta—. Laura, la hija de doña Rosario y el mecánico que tiene su taller en la esquina.
—Esa misma, hijita.
— ¿Y qué le pasó?
—Su padre se enteró de que estaba embarazada y le metió tal paliza que fue a parar al hospital. Doña Rosario armó un alboroto para que los vecinos la ayudaran a detener a su esposo, pero como el hombre estaba fuera de sí, no lo lograron y tuvieron que llamar a la policía.
— ¿Y luego?
—Bueno, luego… —Doña Claudia cambió a una mejor postura en la silla y a continuación prosiguió con la historia—, luego la policía llegó, arrestaron a Manuel, el mecánico, y llamaron a una ambulancia para que se llevara a la Laurita al hospital.
— ¿Y cómo está Laura? —preguntó Marta, más por curiosidad que por otra cosa. Ella y Laura no se llevaban muy bien, por lo que el bienestar de su vecina no le preocupaba realmente.
—Ya está un poco mejor… Gracias a Dios no perdió al bebé…
El bebé… Ese momento Marta se acordó de nuevo de la bandeja metálica con los restos de su hijo.
— ¿Te pasa algo, hijita?
—No… no me pasa nada tía.
— ¿Segura? De un momento a otro te pusiste muy pálida… parecía que te ibas a desmayar. — Doña Claudia puso una mano sobre la frente de Marta para comprobar si su palidez se debía a una alta temperatura.
—Lo que pasa es que tengo dolor de estómago y, bueno, ya sabe usted que a mí eso me coge bien fuerte —dijo sonrojándose.
— ¿Y qué opinas de lo que te conté?
— ¿Y no hubiera sido mejor que Laura abortara para que todo volviera a la normalidad? —preguntó Marta con fingida inocencia.
Doña Claudia miró con asombro a su sobrina y se persignó.
— ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? ¿Cómo puedes pensar que la solución para los problemas de esa familia sea la muerte de un niño que no tiene la culpa de nada? Ojalá Dios no te castigué por pensar de esa forma.
“¿Dios podría castigarme por haber dicho eso? —se preguntó Marta sintiéndose un monstruo—, ¿entonces que me espera por haber hecho lo que hice?”.
Cuando ella y su tía terminaron de desayunar, Marta lavó los platos y luego se fue a la cama.
Doña Claudia le pidió que la acompañara al Centro de la ciudad para vender sus caramelos y chocolates, pero Marta se negó diciendo que todavía le dolía mucho el estómago y la cabeza.
—Descansa, entonces ––dijo su tía––, ojalá te mejores rápido. Nos vemos en la noche.
Marta se quedó sumida en una depresión que iba en aumento. Una y otra vez se reprochaba por haber permitido que cercenaran a su hijo.
—Pude haberlo tenido —se decía incesantemente—; me hubiera tocado trabajar muy duro para sacarlo adelante, pero… pero pude haberlo tenido…
¿Por qué?, ¿por qué lo maté? ––Mordía con furia la raída almohada mientras pensaba cual sería su castigo en el infierno por lo que había hecho.
Pensó seriamente en la posibilidad de suicidarse pero no se atrevió a hacerlo, no porque lo considerara un terrible pecado (al menos no tan terrible comparado con el hecho de haber abortado), sino porque no tuvo el valor.
Su tía regresó a las 18.45, y por su semblante, Marta supo que algo malo le había ocurrido.
—Me… me robaron ––dijo nerviosa doña Claudia.
— ¿Pe-pero cómo? ––preguntó Marta preocupada.
—Cuando ya venía de regreso a eso de las cinco y media, (ya cerca de la parada de buses), dos muchachos pasaron corriendo y me empujaron, instintivamente y sin saber muy bien por qué, me llevé la mano al bolsillo de mi delantal y… y el dinero ya no estaba.
— ¿Pero no gritó que le habían robado?
—Eso mismo hice pero ya no los pudieron agarrar y… y se fueron con todo el dinero. ¡Ay, Dios mío!, ¿y ahora qué vamos a hacer?…— Doña Claudia parecía que iba a llorar de un momento a otro. Tenía los ojos vidriosos.
—Bueno, tranquila, tía. Ya veremos cómo nos las arreglamos.
Esa frase de falso optimismo no se la creía ni ella misma, pero era preciso decir algo para calmar a su tía. Ya sin el robo, Marta tenía bastante para sentirse deprimida y agobiada.
Al día siguiente Marta no pudo levantarse de la cama por más que lo intentó. Tenía la sensación de que sus brazos y piernas ya no le pertenecían.
—Estoy muy preocupada por tu salud, hijita —dijo doña Claudia a su sobrina cuando ésta salió del baño—. Te veo muy demacrada y temblorosa.
—Ya le dije que no se preocupe más por mi salud, tía. Sólo necesitó descansar.
—Eso mismo dijiste ayer, Marta —le recordó doña Claudia—, pero en lugar de recuperarte, estás peor.
Marta no dijo nada. Ya no se le ocurría que más inventar para convencer a su tía de que ella no estaba enferma.
Todo el día Marta tuvo que sobrellevar un dolor de cabeza muy fuerte que sólo desaparecía durante tres o cuatro minutos cada hora para luego volver con más fuerza.
Las únicas veces que se levantó de la cama fueron para ir al baño y eso le exigía un gran esfuerzo de su parte. Cada vez que se ponía de pie, las piernas se le doblaban, y tenía que apoyarse en algo para no caer.
Al llegar la noche, Marta tenía una fiebre muy alta.
Varias veces su tía sintió el impulso de llevar un médico a la casa pero sabía que no podía darse ese lujo. Un médico a domicilio costaba un ojo de la cara.
Llevarla al centro médico gratuito que se encontraba a tres cuadras tampoco era factible. Los médicos y enfermeras estaban en huelga porque el gobierno no les pagaba lo que les debía, por lo que solo atendían los casos que a su juicio eran graves, y cómo doña Claudia muy bien sabía, la persona que requería atención en tales casos tenía que estar casi desahuciada para que la consideraran un caso de emergencia.
Lo único que podía hacer para ayudar a su sobrina era ponerle paños de agua fría sobre la frente y ayudarla a ir al baño.
Aunque Doña Claudia se caracterizaba por ser una mujer muy resistente al agotamiento, se quedó dormida en la silla que había colocado junto a la cama de su sobrina para cuidarla. La tensión provocada por el robo de su dinero el día anterior, sumada a la debilidad propia de la vejez, habían causado que su cuerpo no soportara más.
Marta, al ver que su tía reposaba tranquila sobre la silla, prefirió no despertarla para que la ayudara ir al baño por sexta vez en la noche, por lo que se levantó de la cama como pudo y fue sola al baño.
Levantó la tapa del inodoro y vomitó. Vomitó tanto que creyó el pecho se le iba a reventar de un momento a otro.
Luego, adolorida, volvió a la cama.
Entre dormida y despierta, Marta estiró el brazo derecho sobre la almohada, sin embargo, a penas lo hubo puesto ahí, lo retiró de inmediato. Había tocado algo húmedo y resbaloso. Algo que tenía una desagradable textura correosa.
Asustada, activó el interruptor de la luz pero pronto comprendió que no debió hacerlo.
Sobre la almohada se encontraba una gran mancha de sangre, y sobre ésta, restos de cartílagos, huesos, piel y pedazos pequeños de intestinos entrelazados entre sí.
Marta, que trató de convencerse de que sólo se trataba de una horrible pesadilla, cerró los ojos con todas sus fuerzas. Sin embargo, cuando los abrió de nuevo, la escena siguió siendo la misma.
Desesperada, trató de despertar a su tía sacudiéndola, y tras insistir por al menos unos treinta segundos (lo que a Marta le pareció una eternidad dado lo traumática de la situación), su tía por fin abrió los ojos.
Marta la abrazó con verdadero terror mientras le gritaba que la ayude, pero en lugar de devolverle el abrazo y reconfortarla como se suponía que debía hacerlo, su tía le dio un empujón tan fuerte que la lanzó con fuerza inusitada contra la pared.
Eso hizo que el intenso miedo que hasta entonces había sentido, se convirtiera en un pánico absoluto.
Los labios le temblaban, las piernas apenas le respondían y tenía los ojos llenos de lágrimas.
—T-tía, ¿qué… qué pasa? ––preguntó Marta con una voz apenas audible.
— ¡Tú, maldita, me mataste! ––gritó con intenso odio una potente voz gutural que provenía de la garganta de su tía.
Marta, en un intento desesperado por despertar de lo que ella creía un cruel y tenebroso sueño, se golpeó la cabeza contra la pared de tal manera que las cosas que se encontraban sobre su pequeña y apolillada cómoda, comenzaron a moverse hasta caer al suelo.
— ¡Esto no es un sueño, mamá! ¡No vas a despertar aunque te rompas el cráneo! —vociferó la voz que se había apoderado de su tía.
— ¡Déjame en paz! —suplicó Marta arrodillándose ante esa extraña presencia que había tomado el cuerpo de la anciana—. ¡Basta ya!
—Está bien… —dijo la voz ahora un poco más calmada—, voy a hacer que el terror que estás sintiendo acabe, MAMÁ…
Marta chilló hasta que casi se le destrozaron las cuerdas vocales cuando su tía, o mejor dicho, lo que había tomado el cuerpo de su tía, se levantó de la silla y fue hacia ella.
Quiso correr hacia la desvencijada puerta metálica de la entrada y escapar pero los músculos no le obedecían.
Pronto su tía llegó hasta ella y le tomó el brazo. Tenía la mano helada y cuando abrió la boca para decirle algo, Marta pudo percibir un fétido aliento a sangre, gasas y alcohol antiséptico. El mismo olor a muerte y aborto que había olido después de haber permitido que asesinaran a su hijo.
— ¡Vuelve a introducirme dentro de ti, mamá! ¡Déjame nacer! ¡DÉJAME NACER! —La enérgica sonoridad de la voz le taladró el cerebro.
Sin esperar a que Marta dijera algo, el cuerpo poseído de su tía la arrojó sobre la cama, y sujetándole por la nuca, la obligó a colocar el rostro sobre los despojos humanos que alguna vez constituyeron un pequeño feto.
Marta gemía de dolor, de miedo y de asco, pero eso no detuvo al espíritu vengativo que valiéndose del cuerpo de la anciana, la forzó una y otra vez a restregar su cara contra la sangre y los despedazados intestinos.
— ¡Introdúceme de nuevo a tu cuerpo, mamá! ¡Trágame!, ¡trágame! —rugió el ser que ahora trataba de abrir con salvaje furia la mandíbula de Marta.
Finalmente, después de un persistente esfuerzo, lo logró.
— ¡NOOOOO! ¡POR FAVOR, NOOOO! —suplicaba Marta despavorida mientras aquella versión sádica y perversa de su hijo le introducía a la boca los maltrechos trozos de piel, huesos e intestinos que se encontraban sobre la almohada.
Al día siguiente, Marta fue encontrada muerta con una expresión que parecía de asco y de inmenso terror al mismo tiempo.
________________________________________________________________________
EXTRACTO DEL INFORME FORENSE DE MARTA MONTENEGRO PUBLICADO EN UN DIARIO DE LA CAPITAL:
Cuando se hicieron las pertinentes investigaciones, se descubrió que Marta Montenegro había muerto debido a un infarto fulminante. Ninguna otra causa aparente explicaba su muerte, ya que salvo la expresión de pánico en su rostro, no se encontró nada significativo.
“No sabemos qué, pero tuvo que ser algo verdaderamente traumático (la expresión de su rostro así lo demuestra) lo que la asustó tanto como para provocarle un paro cardiaco —comentó uno de los forenses encargados de efectuar las investigaciones—. Era una muchacha de apenas diecisiete años y este tipo de afección no es muy común en gente tan joven”.
“No estamos muy seguros de que tenga que ver algo con la muerte de la chica —informó otro de los forenses a cargo—, pero en la almohada de la cama en la que dormía Marta Montenegro, había una mancha de sangre de tamaño considerable (la cual comprobamos mediante análisis de laboratorio, no era la suya ni la de su tía); además se podía percibir un fuerte olor a gasas y alcohol antiséptico en el ambiente”.
Doña Claudia murió poco tiempo después del impresionante suceso.
Nunca llegó a saber qué había aterrorizado tanto a su sobrina como para matarla literalmente de miedo.
wow... realmente increíble este relato... pero a pesar de ser increìble no deja de ser cierto, en la realidad existe miles de historias así, de jóvenes que se dejan llevar por otras personas que no tienen educacion alguna ya que solo quieren pasarla bien y engatusan sobre todo a jovenes que por sentirse queridas y elogiadas caen en esas redes que cuando consiguen lo que quieren y luego se enteran que seran padres su inmadurez sale a flote y abandonan sus responsabilidades, bueno en resumen esta chica fue una victima que no supo como llevar la mayor responsabilidad de ser madre y se dejo llevar por el impulso del no saber que hacer sola y bueno llego al aborto, su muerte se debe al remordimiento de haber perdido a una criatura que no tenia la culpa de nada que no le dijo que se acueste con el chico, eso le causo una impresion fuerte en un sueño que le causo la muerte ella aun estaba en proceso de limpiarse el resto que le dejo el aborto eso pudo ser la sangre encontrada es una historia muy triste pero con un mensaje valioso para mi es :¨Nunca dejes de confiar en tus seres queridos y recordar que no importa cuantos obstaculos se interpongan en la vida pues el fruto del vientre de la mujer es sagrado y es la bendicion de Dios¨.
ResponderEliminarbueno me parecio sorprendente esta historia que al final termina con hechos muy tristtes por esta chica que n o pudo resolver las cosas con mas calma, penso que con abortar se solucionaria todo pero no, uno carga ese hecho en su conciencia por el resto de su vida e incluso puede llegar hasta hechos como los que acabo de leer.
ResponderEliminaral final de todo esto no se sabe con exactitud que fue lo que pasó en realidad, lo que hay que rescatar de este tema es que tenemos que confiar mas en nuestra familias, confiarle todas las cosas que pasamos para poder obtener consejos que nos pueden servir de mucho.
hay que ser concientes de que casos asi pasan en todas partes del mundo y tenemos qwue hacer algo.
para poder cambiar esto se debe poner una ley que penalice con una fuerte multa para la persona que haga esto, para desminuir estos hechos que sucede con mas frecuencia.
bueno realmente me pareció increíble esta historia y esa no es la única historia hay muchos casos ,pero mayormente esto suele ocurrir con las adolescentes que se dejan llevar por lo que sienten y no piensan en las consecuencias que esto les puede traer y sobre todo no escuchan a sus padres cuando les aconsejan.
ResponderEliminaryo creo que si a mi me hubiera pasado algo similar estoy completamente segura que nunca hubiera cometido un aborto, porque después de todo mi bebe no tiene que pagar por mis errores que cometí el no tendría la culpa de lo que hice en mi adolescencia.
DEBEMOS TOMAR MEDIDAS PARA EVITAR ESTOS TIPOS DE CASOS PARA ASÍ EVITAR MUERTES.
Gracias por sus comentarios, por favor dejen sus nombres para saber quiénes interactúan. Un abrazo.
ResponderEliminarwaw..!!! es increible todo lo que leì sobre la verdadera historia de Marta..!
ResponderEliminares una verdadera historia impactante. al leerla me causo terror, y yo en ese mismo instante al leerla me imaginaba que yo era marta, me ponia en el mismo lugar de ella y me moria de miedo, al pensar que a mi me pase eso..
wwaawwww..!!! la verdad es que me sorprendiò muchisimo.
y el comentario que yo dejaria es que si yo estubiera en ese caso, entre abortar o no.. yo elijo que no lo abortaria por que no esta en mi mente llegar a ser una acesina y mucho peor a un ser tan pequeñito que estaria en mi vientre.
yo jamas lo aria eso lo recontra juro!!
bueno tambien aconsejaria a muchas muchachas que el ABORTO no es el mejor medio para poder areglar un problema instantaneamente.
yo puedo decir que estube en uno de estos casos pero como amiga.
varias de mis amigas que e tenido y que an salido embarazadas an estado en este mismo tema de ABORTO, pensaron abortar por miedo a decirles a sus madres que estan embarazadas pero, es tan importante la comunicaciòn que gracias a DIOS ninguna de ellas llegaron a cometer semejante error.gracias a DIOS ahora mis amigas estan felises con sus hijos, y me comentan que si ubieran abortado se ubieran arrepentido toda su vida pero no lo isieron..
esta lectura me iso reflexionar mucho mas de lo que yo creìa saber, ahora tengo mas conosimiento sobre lo que pasa cuando una chica aborta ilegalmente.
''NO IMPORTA EL QUE DIRÀN DE LA JENTE O DE MI FAMILIA SOLO IMPORTA LA SALUD DEL BEBE Y DE UNA MISMA, VALOREN LA VIDA DE UNA MISMA Y DEL SER QUE ESTA UN SU VIENTRE''
''ES DIFICIL MANTENERLOS PERO JAMAS ES IMPOSIBLE''
'' ESO TENGANLO PRESENTE SIEMPRE Y EN CADA MOMENTO DE SUS VIDAD..''
Bueno creo que es una historia muy impresionante ya que nos enseña que no hay porque tomar desiciones precipidas,y que para todo siempre hay una salida.Si no que martha no pensó que su consiencia siempre la haria recordar el asesinato que hizo con su propio hijo y eso fue lo que la carcomía por dentro, cada día ,minuto a minuto ,que era una asesina y no tenía derecho a abortarlo cuando ella era la única culpable por no haberse cuidado.Creo que esto nos deja la lección que uno tiene que pensar bien para poder realizar nuestros actos y no arrepentirnos después cuando ya es demasiado tarde.
ResponderEliminarla historia es muy interesante, y es importante tenerla en cuanta siempre.. nosotras como mujeres no tenemos por que acceder a cosas que no queremos o no podemos, porque despues las consecuencias pueden ser terribles. La conciencia es el primer gran juez en los actos que cometemos en nuetra vida.
ResponderEliminarSobre esta historia podemos decir que el Aborto no es la solución al problema, porque simplemente Un Embarazo no es un problema, al contrario es una bendición.
bueno esa historia es muy con movedora y nos hace mucho que reflexinar hacerca de pensar bien antes de hacer una cosa que te puedes arrepentir toda tu vida y el abortar es algo malo estas que matas a una persona que que esta en tu vientre y tu eres la unica que la puedes proteger de las personas que lo quieren hacer dañoy tu que lo quieras matar esa personita que esta indefensa en tu vientre y es como matarte a ti misma por que es una parte de tu ser de tu cuerpo y esa historia dice que antes de actuar debemos pensar bien las como por que un aborto no es cosa de juego y muy peligroso y no solo para el bebe sino tambien para la madre embarazada y algo muy dolorosa matar aun bebe mas que tu sepas que es tu hijo y si algun dia llegas a tener una familia y hijos sabras que te falta un hijo y esa pena es muy grande y no seras feliz por haber matado a tu hijo por eso para todas las jovenes si quieren tener relaciones deben cuidarse para que despues no piensen en el abortar como una elecciòn por que no quieren tener hijos ANTES DE TOMAR UNA DECISION PIENSEN BIEN PARA QUE DESPUES NO SE ARREPIENTAN DE SUS ERRORES QUE HACEN POR QUE PUEDE SER MUY TARDE SU ARREPENTIMIENTO esta historia enseña mucho de pensar bien antes de actuar para que no suseda una tragedia
ResponderEliminarbueno la historia me encanto por que es muy real es verdadera por que si pasa en la vida real y antes de hacer algo que te arrepientas pensemos bien por que un aborto no es cosa de juego es muy enserio y bueno es como si mataras a una persona que es tu propio hijo
ResponderEliminary lo tendras grabado todo tu vida por eso pensemos antes de actuar eso nos dice la historia para no tener consecuentas que te lleven a la muerte
obstetricia I_2009
ResponderEliminarYUVISZA QUIROZ SAMAME
Es tan interesante la historia de martha es lo que hay en dia todos las mujeres pasamos y que primero nos enbarazan y nos dejan y como nos sentimos tan sola por el que diran ABORTAMOS un ser que no tiene la culpa de nada creo que devemos tomar conciendia y que esta histaria nos haga refxionar y me parecio demacioado interensate creo que todas vamos ha opoinar lo mismo
I-2010_obstetricia
ResponderEliminarCREO que un interensante ademas es una historia que nhoy en dian pasan un montonnde mujeres en el peru y todo el mundo la historia de martha es una creo q fue por ella estaba preocupado por nsu tia y porque diran los demas creo yo que un hombre debe ser responsable por que si no lo es un cobarde por eso enamorencen de ma cabeza no de el corazon (O)
hola profesor:
ResponderEliminarvanessa Gonzales villar 2010 I
La lectura es impactante, yo ya le estaba dando otro final a la historia, pero ps me equivoque, aparte nos enseña mucho más de lo que uno se puede imaginar, creo yo que ninguna mujer debe de cometer este tipo de cosas, para mí es un delito, un delito con el que vamos a cargar para toda nuestra vida, quizás no nos vean las personas que nos conocen, pero a DIOS, nunca le podemos ocultar nada, y atentar con la vida de un bebé, mucho peor, es por ello que Martha no estaba trankila el remordimiento no la dejaba en paz, hasta tal punto que se llegó a morir, asi mismo una persona siempre debe de pensar bien las cosas antes de actúar y el aborto no es una mejor herramienta de solución, hay que saber afrontar las cosas, muchas veces se escucha que un hijo te arruina la vida, cosa que no es cierta sólo hay que tener fuerza de voluntad y afrontar como se debe, aparte el tener un bebé es una bendición, simplemente debemos de pensar bien y saber cuando es el momento correcto para ser padres.
Lisset León Rodríguez obstetricia semestre 2010-I.
ResponderEliminarBueno el video me pareció interesante y muy reflexivo,esta historia me llamó mucho la atención y con respecto al aborto creo que es algo horrible.Quitarle la vida a una personita indefensa que en ningún momento pidió ser ingendrado y por la culpa irresponsable de dos personas tontas que en un momento de placer actuaron sin ponerse siquiera a pensar lo que eso traería más adelante un bebé.
Si nosotras como jóvenes que estamos viviendo todo este proceso de enamoramiento,desarrollo y que por experimentar cosas nueva( relaciones coitales) pensemos antes de hacer cosas de las cuales luego nos vamos a arrepentir y si lo hacemos sin medir las consecuencias,pues seamos valientes capaces de reconocer nuestros propios actos y no recurramos a lo más fácil que es el ABORTO,piénsalo no le arrebates la vida a un inocente.
OLA , SOY NATALY MORENO DULCE ,BUENO MI COMENTARIO AL RESPECTO , ES DE COMO YA LEIMOS EL CASO DE MARTA , CREO QUE TODAS LAS PERSONAS ESPECIALMENTE NOSOTRAS LAS ADOLECENTES , DEBEMOS PENSAR, Y RAZONAR ANTES DE ACTUR ,PARA QUE ASI NO NOS LAMENTEMOS DE NADA PORQUE MATAR A UN FETO ,NOS PODRÌA CAUSAR TRANSTORNOS MENTALES ,Y NOSOTRAS NO PODRIAMOS VIVIR EN PAZ , CREO QUE LA MEJOR MANERA DE SOLUCIONAR ESTE PROBLEMA QUE AFECTA HOY EN DÌA A MUCHAS ADOLECENTES ES HABLAR CON NUESTROS PADRES, AUNQUE SEA MUY PENOSO , PERO NADIE COMO ELLOS NOS VAN A DAR UN CONSEJO , Y YO SE QUE NOS VAN A AYUDAR , POR ESO ES MEJOR DECIR LA VERDAD , ANTES QUE LAMENTARNOS TODA LA VIDA .
ResponderEliminaresta historia es conmovedora pero a la vez nos enseña mucho, el aborto no solo trata de quirarse un peso de emcima sino que matamos a un ser querido asi digamos que no lo estamos haciendo por eso pensemoa antes de actuar.
ResponderEliminarbueno esta historia fue muy interesante ya que nos da a entender que nosotros no somos nadies para quitar la vida a un ser humano, y con el caso de Martha ella no debia de haber hecho esa desastrozo aborto porque por eso lo llevo hasta la muerte.
ResponderEliminarun mensaje:
nunca hagamos cosas que despues no pudieramos arrentirno ya que por abortar ha veces perdemos la vida o con otra enfermedad.
STEFNI MILAGROS REYES VALERIO 2010-1 OBSTETRICIA
Gracias por sus comentarios y reflexiones.
ResponderEliminarhola profesor soy jhoselin miñano :
ResponderEliminarbueno con respecto al video me parece algo impactante porque matar a un pequeño q no tiene la culpa de nada eso solo lo hacen los cobardes que no quieren enfrentar sus culpas y solo lo que se les ocurren es acabar la vida con un pequeño indefenso sin saver el riesgo .
bueno lo que realmente es mas doloroso y lo que siempre va a afectar en la consciencia es la muerte de un bebe y eso siempre se lleva en el corazon y a pesar que va a transcurrir el tiempo nunca se ba a olvidar, solo dios da la vida y a la ves nos la quita nosotros no somos nadie para poder acabar con una vida y mas cuando es un bebeb que no tiene la culpa .
"NO ACABEMOS CON LA VIDA DE UN PEQUEÑO EL QUIERE VIVIR Y SONREIR EN LA VIDA DEAMOSLO UNA OPORTUNIDAD Y DEJEMOS QUE LA VIDA SEA ALEGRE CON UN BEBE AL MUNDO , SIN ELLOS NO ES VIDA "
aya que gran historia, es algo impactante que a un ser humano que pidio serlo y tener ya vida lo maten de esa manera es un agelito que no pidio nada sino fue por culpa de los demas.
ResponderEliminares muy doloroso saber que hay tanta maldad en el mundo que por culpa de los seres humanos sin escrupulos ayan semejantes cosas, eso no tiene perdon de DIOS. ni mucho menos corazon.
aviendo tantos metodos para que se cuiden, hay muchas mujeres que no pueden salir enbrazadas y en cambios los que si pueden algunos lo maten sin pudor y sin alma a unos pobres y indefensos bebes OJALA QUE DIOS LO PERDONE Y PORQUE NO CREO QUE ALLA PERDON PARA SEMEJANTE CRUELDAD........
REGALADO BLANCA
OBSTETRICIA PRIMER CICLO 2011
bueno yo no estoy de acuerdo con los abortos
ResponderEliminarme da tanta pena que aya madres sin corazon una persona siempre debe de pensar bien las cosas antes de actúar y el aborto no es una mejor herramienta de solución, hay que saber afrontar las cosas y no aser daño a un bebe me parece tan penoso escuchar esta clase de videos hya otras madres que si quierne ser mamas peor no pueden y otras que si pueden tan solo lo abortan si pena alguna bueno eso es mi opinion hasta luego I ciclo obstetricia kathy sulca huamani
No supo cómo llevar la mayor responsabilidad de ser madre y se dejo llevar por el impulso del no saber qué hacer sola y bueno llego al aborto es algo horrible y malo. Quitarle la vida a una personita indefensa que en ningún momento pidió ser engendrado .Que está en tu vientre dentro de ti y tu eres la única que la puedes protegerlo de las personas que lo quieren hacer daño por eso ¡antes de tomar una decisión piensen bien para que después no se arrepientan de sus errores que cometen por que puede ser muy tarde su arrepentimiento ¡y muy tarde para dar un paso atrás cuando el remordimiento nos mata : Lozada Villanueva Rosa maría
ResponderEliminarq lindo piolaza loq lei asta las lagrimas se me cayeron lo mejor q lei en toda mi vida q ñinda historio yo kisiera saber si el aborto es algo legal en nuestro pais yo creo q no x q los bebitos no tienen la culpa los q lo tiene la culpa son los padres xq no saber tener informacion aserca del embaraso o tener metodos anticonceptivos
ResponderEliminaresa maldita mujer no tiene dertecho a la vida xq fue capaz de abortar a su propio hijo y por que no pensaron bien las cosas antes de hacer el amor por el bebe no tiene la culpa si no los padres q desgraciada es esa mujer
ResponderEliminar